Mural
Casi siempre en la ganancia hay un brazo que se inclina al milagro de lo antiguo. El desuso es la razón que avejenta lo pospuesto.
Casi siempre en la ganancia hay un brazo que se inclina al milagro de lo antiguo. El desuso es la razón que avejenta lo pospuesto.
Un hechizo bastó solo; tres monedas en un plato y un destino por delante ¿o detrás de lo que asusta?
He paseado por mi rastro, solo cachivaches sin importancia. La curiosidad de lo maldito ha tomado las calles de este reino sin herrumbre en las historias. La polilla es la enfermedad grave que acrecienta los rincones, brujería barata para ahuyentar aquelarres en la quema de decisiones.
«Siempre» es un horizonte acartonado, la nube hace efímero el día.
No sé tú, pero yo intuyo que esta vez cerrarán los parques y con ellos los besos quedarán sueltos, a la deriva, para encontrar sinrazones.
Hay silencio en mi interior un drago que espera vencido la llegada de la primavera. Mi voz es una espina germinada en lo profundo de un bosque sin palabras que invoquen la resurrección de la carne el lodo efímero de los huesos la esperanza de un alma destruida.
Cómo encontrarnos en medio de todo, en medio de mí.
Es cierto, no tenemos dónde vivir. El mar se aleja deprisa como se retiran las olas y una espesura de corales me tabica el alma. En el fondo abisal todo pasa por la muerte. Mi silencio es solo un cementerio de barcos.
A veces despierto y tus ojos son mercados de dulce quincalla en el reposo de un café. Te miro y bullen los pregones de nuevos géneros: la luz de una taza encolada para guardarme en los labios el nombre que me inventas o las artimañas a medias con el mar para hacerme llegar su murmullo. … Leer más